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viernes, 5 de abril de 2013

Danzón, una pasión que domina

Danzón, una pasión que domina

Por Alejandro Cornejo Mérida
(Extracto del Boletín "Danzón Club" No. 37, Marzo, 2013)

En uno de los sábados pasados del mes de enero, viajaba  en el transporte colectivo conocido como el Metro cuando escuché, en el interior del vagón en un disco de esos que ofrecen los vendedores ambulantes, una vieja canción que las nuevas generaciones desconocen. Esa melodía dice en sus inicios:” Valentina, Valentina, yo te quisiera decir que una pasión me domina y es la que me hizo venir…” Me trasladaba a la estación Balderas para luego encaminar mis maduros pasos a la Ciudadela, la Plaza del Danzón, donde cada sábado los amantes del baile fino se reúnen para disfrutar las bellas notas musicales de los más hermosos danzones del siglo pasado y de éste. En ese andar, e impulsado por el instinto humano de pensar, por unos instantes mi marcha disminuyó su acelerado ritmo y mi mente empezó a reflexionar sobre lo que es el Danzón. Fue en esos instantes cuando me percaté que la pasión por la cadencia de esa música  me empezaba a dominar, ya que desatendí una invitación a unos XV años de una sobrina que aprecio mucho, sólo para poder asistir al llamado de un baile de Danzón. En mi cavilar entendí que existen personas que les apasiona el deporte y por alguna de esta actividad hasta enloquecen. Otros se apasionan por la ambición del dinero y el trabajo constante; y hay quienes se dejan atrapar por una religión o por una  imagen a la que le atribuyen poderes milagrosos. Eso mismo ocurre en los políticos y en quienes no pueden vivir sin dejar de pensar en la ambición del poder. Ante este panorama, comprendí que el baile del Danzón y todo su entorno también llega a apasionarnos convirtiéndonos en unos viciosos del enaltecido y acaramelado ritmo que yo también adoro y rindo tributo.
En la Plaza de la Ciudadela suceden muchas cosas, pero lo que más atrae la atención es ver que unos disfrutan bailando con amigas, integrantes de algún club o taller de baile; otros danzonean con la pareja sentimental; otros más sólo se la pasan observando, recreando la mirada con los bellos pasos que ejecutan los expertos; y los menos sólo escuchan la hermosura de esa  música que llegó a México para quedarse. En mi caminar al santuario del Danzón, seguí reflexionando sobre la inmensa pasión que ese divino y bendito ritmo despierta en los corazones de quienes lo practicamos. Esa celestial pasión es tan fuerte que en algunas personas ha llegado a convertirse en un vicio tan arraigado y profundo, que a veces hace que nos apartemos de nuestros deberes y obligaciones. En efecto, cuántos hay que faltan a sus trabajos sólo por no dejar de asistir a una clase o para no perderse un evento danzonero? También los hay quienes dejan en casa, sin atención a la madre o a los abuelos enfermos sólo para no perderse un baile de danzón. También he sabido de personas que por no faltar a una exhibición o ensayo  permiten que sus hijos falten a la escuela al no poder llevarlos porque las fechas se les empalman con el compromiso del baile.
 Para los adoradores del danzón resulta desagradable escuchar que ese ritmo alcahuete pero delicioso,  envicia de tal manera que sin desearlo nos induce algunas veces a realizar actos indebidos. El gusto desmedido por ese género musical, que en ocasiones resulta difícil de ser controlado, genera  muchos conflictos y serios disgustos familiares; hay parejas que han roto sus vínculos amorosos porque uno desea ir al baile y el otro propone asistir a un lugar distinto. También se dan casos en que el caballero bailador utilizando su inteligencia y la mentira se escabulle del hogar para poder asistir a un evento de Danzón que considera importante
Lo que ocurre en la práctica del danzón es que a veces ese panorama es más complicado y dramático de lo que parece ser, sobre todo cuando se llega a los extremos del vicio, pues siendo un baile de contacto no es nada difícil entrar  al espinoso jardín de la deslealtad e infidelidad, situación que nos aparta de la actitud justa y recta de la vida.
Puntualizamos también que, algunas veces, esa inclinación que tenemos por ese tipo de género musical, afecta a personas que dependen de nosotros y que decimos que amamos y queremos, pues en ese andar danzonero  hacemos una inversión que a veces resulta tan fuerte que llega a lesionar  la economía familiar, y lo peor es que pocas veces nos percatamos que de ese deleite único y maravilloso, surgen otros vicios como lo es la compra del calzado y ropa danzonera (porque es de saberse que a la mayoría de los adicto al danzón nos gusta el buen vestir). Existen personas que acumulan setenta u ochenta pares de zapatos, vestidos de dama que sólo lo usan una sola vez, trajes para caballeros de distintos tonos y smokings para los bailes de gala; a ello debemos agregar que acudir a los salones de bailes implica un gasto extra porque no sólo se paga la entrada, pues se consumen alimentos y bebidas, aunque en el gasto de licores los danzoneros lo hacen con estricta moderación ya que cuidan de no despedir el desagradable aliento alcohólico. Los desembolsos son mayores cuando se acuden a los eventos danzoneros fuera de la Cuidad de México; y aunque resulte difícil de admitirlo, hay quienes se endeudan con tal de no perderse un bello, divertido y placentero Encuentro Nacional de Danzón como los que organizan en Monterrey, Veracruz, Oaxaca, Acapulco, Guanajuato, Guadalajara, Querétaro y otros atractivos lugares de nuestro país. Todos estos gastos afectan seriamente la economía familiar y lo peor es que el disfrute no es para todos los integrantes de la parentela sino que a veces sólo los disfruta el varón o a veces la dama. Cuando las percepciones económicas de los amantes del danzón son bajas y se experimenta el desenfreno por ese encantador ritmo que nos aprisiona y cautiva, más se recienten los gastos que afectan a los que dependen económicamente del apasionado bailador.
Decimos que el Danzón es una pasión que domina porque muchos amantes de ese baile fino tienen las características señaladas por el diccionario enciclopédico Larousse, que en relación a la pasión indica que es una “inclinación impetuosa de la persona hacia lo que desea. 2. Emoción fuerte y continua que domina la razón y orienta toda la conducta”. Ante esta situación, la verdad es que no podemos negar que en muchos casos el sabroso Danzón orienta nuestras vidas y obviamente también, sin razonar, la conducta que realizamos. Cuando esto ocurre, pensamos que sin darnos cuenta nos enfilamos hacia el camino del vicio y ya estando ahí en sus dulces, paradisíacas y placenteras garras, es cuando sin pretenderlo, habitualmente podemos hacer el mal a las personas que amamos. El mismo diccionario Larousse indica que el vicio es: “2. Costumbre o apetito morboso, pero que produce placer”.
La pasión, el vicio y la adicción, en mi opinión, están emparentadas y las veo siempre de la mano influyendo y metiéndose en el cerebro de las personas para tomar el timón, pervertido pero agradable, de la nave que nos conduce al éxtasis. Es así como también esas pasiones se hacen presentes en la música, el teatro, el cine, la televisión, la gula, el sexo y el alcohol. Esas inclinaciones, disposiciones y apegos provocados por la pasión, el vicio y la adicción a veces crecen en forma desmedida, como los tumores malignos, y penetran en el campo de la patología dando lugar al paroxismo que según indican los conocedores es la mayor exaltación de afectos y pasiones no controladas; es exacerbar o agravar la enfermedad provocada por la pasión y el vicio que auxiliadas por la endorfina que se producen en ciertas zonas del cerebro, engendran el placer que se experimenta cuando se tiene dependencia y apego a una persona que irracionalmente amamos sin importarnos los desprecios y humillaciones a que nos someta. Una clara muestra del vicio o pasión por un supuesto amor lo expresa la canción que muchas veces le escuchamos a Marco Antonio Muñiz y que dice: “El vicio, el vicio de quererte me domina”… Algo parecido, pero en el campo de la danza, ocurre con nuestra conducta influenciada por la pasión y el vicio que tenemos por esa belleza de baile que es una galanura de perfección. Lo confieso, soy un pervertido adorador de su Majestad el Danzón, y lo venero porque me ha dado un inmenso placer al llenar mi vida de salud física y espiritual, de bienestar, de alegría, de deseo de vivir, de amistades que hoy considero parte de mi familia y de otras linduras y bondades que sólo las puede obsequiar esa paradisíaca música. Al señalar el frenesí y delirio que nos provoca el Danzón al apoderarse de nuestra conducta, no se menciona con la intensión de satirizar o de desprestigiarlo, se hace con la firme idea de que lo gocemos, lo disfrutemos con la debida moderación, que busquemos el justo medio, que no nos dejemos llevar a los extremos, que no se convierta en vicio, que no nos haga perder el control de la mente, de la  voluntad y de nuestras decisiones.
Parte de mi pensamiento, mis sueños, mis anhelos, mi voluntad, mis suspiros, mi amor, mi tórrida sangre y mis esperanzas apuntan hacia lo celestial, la excelsa divinidad  del Danzón.
Mientras tenga vida, voz y fuerzas en mis pulmones siempre gritaré con vehemencia y en todo lugar: ¡Que viva el Danzón! ¡Que viva el Rey de todos los ritmos! 

INSCRIPCION A LA ASOCIACION MEXICANA DE DANZONERO

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